Sé alegre…

Hay un dicho que dice “Un santo triste es un triste santo” y cuán cierto es…

A veces se cree que para cambiar de vida es necesario arrugar la frente y matar las sonrisas y las alegrías del espíritu, lo cual es una idea equívoca.

Deja que la alegría envuelva tu conciencia, que sea la luz de tu alma, que te convide a sonreír… y así verás como hasta la florecilla más pequeña es motivo de satisfacción…

Dios colma con la alegría de su gracia y de su sonrisa todas las cosas… sé tú entonces como los cielos, diáfanos, azules, e irradia a tu alrededor toda la alegría y el encanto de tu vida…

La alegría atrae, engendra simpatías y entusiasmo… Los cielos nublados ponen nubes en las almas, la tristeza daña el corazón como la polilla al vestido y la carcoma a la madera…

La verdadera alegría no es otra cosa que la serenidad habitual…